El despacho que surgió de un anuncio

Disponer de un despacho en nuestra casa es importante. Vivimos en un mundo en el que puede llegar un determinado momento en el que, sin esperarlo, tengamos que arreglar varias cuestiones referentes al trabajo. Tener un lugar en el que poder trabajar desde casa nos permite ser más rápidos al evitar tener que desplazarnos de manera continua.

Sin embargo, es conveniente tener un despacho en el que se pueda trabajar con comodidad. Y es que de nada sirve tener un lugar habilitado para desempeñar nuestras labores si las realizamos de mala manera, sin espacio suficiente para guardar documentos o sin la distribución más adecuada para acometer nuestras responsabilidades que se le presupone a un profesional competente y apto.

Llevo cinco años dedicándome a una profesión tan apasionante como la abogacía. Creo que pocas cosas me han llenado más en la vida que contribuir a la defensa de personas que se encuentran en un proceso jurídico al que a menudo temen, más allá de ser culpables o inocentes. Esas personas me pueden necesitar en cualquier momento, así que mi obligación es disponer de un espacio en mi propio lugar de residencia para atenderles de manera personalizada. De ahí la importancia de tener un despacho.

Me di cuenta de esa importancia al poco de ejercer la profesión. Atendía a muchos de mis clientes en el salón de mi vivienda, y la verdad es que eso no me parecía nada profesional. Comencé a pensar en la posibilidad de habilitar una de las habitaciones que no utilizaba normalmente para montar un despacho. La idea me atraía, pero lo que traía consigo no mucho. Tenía que comprar un escritorio y estanterías. En primera instancia, pensaba que hacerlo me iba a suponer un gasto bastante reseñable de dinero.

Me tendría que andar con mucho ojo y confiar solo en aquella tienda que me proporcionara una mejor relación entre calidad y precio. Esto era un trabajo costoso, sin duda. Era evidente que no quería cualquier escritorio. Quería uno espacioso y con cajones que complementaran a unas estanterías que también me iban a ser necesarias para guardar y archivar la documentación.

Después de algún tiempo recopilando información acerca de un amplio abanico de tiendas, descubrí Dismobel. Encontré dicho negocio la primera vez que husmeé por Internet, lo que demuestra el gran poder que tiene la red a la hora de publicitarse y ofrecer un medio de información directa a un usuario que quiere adquirir un producto.

En una tienda virtual como aquella tenían lo que andaba buscando: ese escritorio que tan necesario era para organizar mi trabajo y mis papeles. Al ver el precio de venta ese miedo que solía acompañarme a la hora de buscar muebles se me quitó de raíz. Podría asumir el coste de ese producto sin ningún problema y no solo eso, porque viendo el precio de las estanterías no iba a dudar en comprármelas también.

Una compra que me facilitó el trabajo

 Nunca había comprado por Internet, y me resultó sencillo hacerlo. Dismobel envió los muebles a mi casa en apenas unos días y estuvieron colocados en su sitio en cuanto los recibí. Tenía ganas de que el despacho tuviera un tinte marcadamente profesional y, desde luego, después de tener los muebles montados tenía que reconocer que lo había conseguido con creces.

Desempeñar mi trabajo en ese nuevo despacho fue la mejor decisión que he tomado en mi vida profesional. He conseguido un poco más de orden gracias a él y que mis clientes se sientan cómodos en un entorno que nada tiene que ver con el salón en el que les recibía antes. Así consigo desempeñar mejor mi trabajo, algo fundamental para la defensa de esos clientes.

Cada día sigo pensando en qué sería de mí si no hubiera hecho clic en un icono de mi pantalla para acceder a Internet y encontrar Dismobel. Hoy la publicidad está también en la red. Millones de personas permanecen conectadas y de esta manera están expuestas a todo tipo de anuncios. Pensamos que esos anuncios molestan. En mi caso, como pasará con otras personas, el efecto fue el contrario. A través de un anuncio encontré lo que buscaba.