Un ejemplo de originalidad y sencillez

Hoy os traigo una campaña publicitaria que se ha llevado a cabo en una pedanía donde mis padres tienen una pequeña casa de campo y que ha sido todo un exitazo. Sinceramente, ojalá se me hubiera ocurrido a mí.

Resulta que en el mini-pueblo (porque a eso no se le puede llamar pueblo entero) siempre ha habido un bar “el bar del pueblo” y siempre ha sido el único bar, hasta que hace unos meses alguien decidió abrir otro en el parque, una especie de kiosko con sillas en la plaza al aire libre para tomar tapas y cañas que ha tenido mucho éxito. Los lugareños, al principio tal vez por la novedad o por cambiar de aires, empezaron a acudir al nuevo establecimiento dejando un poco de lado al de siempre y la gente joven que viene al pueblo los fines de semana a ver sus padres, o incluso en vacaciones a relajarse un poco, ha visto en el kiosko de parque un lugar estupendo para hacerse sus “cubos” porque sí, este bar se ha sumado al movimiento “cubo” y te dan 6 quintos y unas bravas por siete euros.

Sea como sea, la familia que siempre ha sido la dueña de “el bar del pueblo” se ha visto sumida en ciertos problemas económicos que debían solucionar prontamente o se verían en al necesidad de bajar la persiana del local para siempre, algo que, en el fondo, nadie quería ver, así que la sobrina de la dueña actual (nieta de los primeros gerentes del bar) que está estudiando actualmente publicidad, contrató a los profesionales de Mi Pintor que hicieron un trabajo magnifico modernizando el establecimiento y plasmando exactamente en las paredes de la casa familiar lo que la joven quería.

La campaña consistió en lo siguiente. La sobrina de la dueña de bar diseño un mural para la casa familiar que se encuentra prácticamente en el centro de pueblo donde se veían caricaturas de las cuatro generaciones que han pasado por el bar, con el letrero del mismo al fondo, y un eslogan maravilloso, sencillo y que nadie habría pensado que funcionara tan bien como lo hizo: “lo tradicional mola”. Así de simple, y así de directo a la vez. El diseño era realmente divertido y todo el mundo se quedaba mirándolo cuando pasaba frente a la casa, lo que hizo que muchos de ellos volvieran a acordarse de “el bar del pueblo”.

Pero más allá de ser sólo una llamada de atención, la joven pidió a los profesionales de la pintura que revitalizaran el local sin que perdiera ese aire tradicional que le caracterizaba así que  repintaron sus paredes blancas impolutas y dieron un toque de color en la pared de la barra con un tono anaranjado que rejuveneció el bar de una manera impresionante pero que, al no variar los tonos que ya tenía, consiguió que guardara su estética y elegancia de antaño.

Los precios no cambiaron, no añadieron “cubos” a su oferta y tampoco cambiaron sus tapas pero esa mano de pintura y ese mural que llamó tanto la atención al pueblo despertaron el alma de los habitantes de la pedanía y floreció de nuevo el negocio.

Ahora mismo conviven los dos bares sin problemas y ni siquiera podemos decir que cada establecimiento se haya llevado a un sector ni mucho menos porque maduros y jóvenes pisan ambos locales por igual, supongo que todo depende de la idea que lleves en la cabeza o incluso de la temperatura que haga en el exterior. Pero es impresionante lo que un toque de atención puede hacer en términos publicitarios sin necesidad de realizar grandes campañas ni demasiados desembolsos económicos.

Publicidad de Guerrilla

Cuando hablamos de publicidad tradicional (dejando a un lado el marketing 2.0 y los anuncios en Internet) hay algo que tengo muy claro: lo que mejor funciona es la publicidad de guerrilla, la que se hace en la calle, la que llama la atención. Con una de mis últimas campañas de calle conseguimos mayor popularidad para nuestro cliente que con cuñas en radio y anuncios en prensa y lo único que hicimos fue vestir a azafatos y azafatas con disfraces de La Casa de los Disfraces, una tienda online con la que tenemos muy buena relación y trabajamos a menudo.

Se trataba de la apertura de una tienda de juguetes a menos de 20 euros. Ese era su gancho: que todo lo que iban a vender en la tienda tendría un precio inferior al billetito azul. El lanzamiento fue, como no, para la pasada navidad (a finales de noviembre fue la apertura) y aunque las pretensiones de los dueños no eran muy altas ya que querían centrarse en conseguir buena clientela en el barrio, nosotros apuntamos un poco más alto e hicimos una gran campaña en el centro de la ciudad.

La Campaña

Vestimos a varios azafatos y azafatas de súper héroes y súper heroínas, a otros de dibujos animados de moda o de personajes televisivos muy reconocibles. En total fueron dos días de campaña (sábado y domingo) y pagamos a 10 euros la hora a cada actor/azafato, es decir, 80 euros al día por 7 trabajadores: 560 euros diarios  más darlos de alta en la seguridad social.

Los disfraces nos salieron a menos de 15 euros por cabeza y los regalitos que dábamos a los niños (caramelos, piruletas, manos pegajosas, pegatinas) nos costaron 700 euros en total y los repartimos todos, entre el sábado y el domingo. El coste total de la campaña por los dos días fue de 3000 euros (con el porcentaje que nos llevábamos nosotros, por supuesto) y consiguieron ventas en su tienda durante la navidad por valor de 70.000 euros.

No voy a decir que todo fue gracias a nuestra campaña ni mucho menos pero el beneficio no está nada mal y gran parte de culpa sí tuvimos puesto que en dos días logramos que más de la mitad de la población de la ciudad fuera consciente de la apertura de la nueva tienda de juguetes a menos de 20 euros.

¿Sabéis lo que les habría costado que ese mismo número de personas fuera consciente de dicha apertura si hubiéramos recurrido a cuñas publicitarias en radio, anuncios en prensa escrita, panfletos, folletos y buzoneo? Pues calculo que estaríamos hablando de unos siete u ocho mil euros, que no está nada mal si analizamos las ventas que tuvieron pero que es considerablemente más cantidad de moneditas en el banco ¿o no?

Lo que quiero decir con esto es que a veces es mejor llamar la atención del transeúnte, intentar que se fijen en ti de alguna manera, antes que gastar y gastar por aparecer en los medios de comunicación convencionales. Tened en cuenta que el ciudadano está acostumbrado a la publicidad y ya ve los anuncios sin fijarse en ellos, es inmune a los flyers y a las cuñas de radio, por eso hay que llamar su atención y para conseguirlo, la publicidad de guerrilla es única.

Una buena publicidad y un buen producto: éxito asegurado

Nunca sabes a quién vas a necesitar para que tu negocio funcione con normalidad y no sufra ningún tipo de restricción. Es evidente que regentar una empresa o una tienda no es nada fácil y que son muchos los factores a tener en cuenta para que todo marche bien y no haya contratiempos desafortunados e inesperados. De ahí que haya que tener mil recursos para conseguirlo.

Además, cuando tu negocio es pequeño los problemas se multiplican. Los contactos no son los mismos que poseen las grandes entidades y normalmente la capacidad para resolver todos esos problemas es mucho menor, dándose la posibilidad de que no desaparezcan y de que impliquen severas consecuencias para nosotros.

En el filo de esa navaja me he encontrado varias veces a lo largo de mi vida. No es nada agradable encontrarse así siendo propietario de una pequeña empresa de ropa deportiva situada en un pequeño municipio de la provincia de Alicante. Sin embargo, de los problemas se sale con las ayudas de gente confiable.

Os contaré la historia. Hace dos años lancé una campaña para vender calzado deportivo. Utilicé varias maneras de llevarlo a cabo: utilizando redes sociales, haciendo buzoneo, contratando vallas publicitarias…todo para conseguir vender la totalidad del calzado deportivo que tenía disponible para el público. Era el mes de septiembre, un mes que desde mi punto de vista es buenísimo para vender este tipo de producto porque vuelve la rutina y hay mucha gente interesada en quitarse de encima los excesos del mes de agosto.

El caso es que, tras los dos primeros días de promoción, se agotaron absolutamente todas las zapatillas deportivas que tenía a la venta. Toda la publicidad que había hecho estaba dando un resultado increíble. ¡Y encima se queja!, pensaréis. Bueno, la verdad es que me asustaba bastante el hecho de que nada más comenzar mi campaña ya no quedara nada. Estaba seguro que mucha gente todavía deseaba comprar mi calzado y para nada quería decepcionarles. Además, en un pueblo pequeño como lo es el mío todos los comentarios positivos que sobre mi tienda pudiesen hacer eran pocos, y sabía que podría generarlos si compraba más zapatillas a mi proveedor.

Pero aquí llegaba otro gran problema. Mi proveedor estaba de vacaciones. Me lo había comentado al descargar el pedido anterior. Ahora, me veía solo ante la necesidad de encontrar un proveedor temporal. Sin embargo, la suerte se cruzó en mi camino. Por Internet vi que existía una página web llamada www.liquistocks.com, en la que quizá podría adquirir un stock de calzado deportivo.

Contacté para informarme. Efectivamente y para mi gran alivio, me ofrecían la posibilidad de facilitarme un stock de zapatillas de deporte para que pudiera continuar con mi campaña. Me di cuenta que los productos que me ofrecían no eran solo baratos sino que, además, su calidad era muy superior a la de las zapatillas que yo vendía. Estaba claro que me estaba equivocando de proveedor y que a partir de aquella fecha tendría mucho más en cuenta a www.liquistocks.com.

¡A seguir vendiendo!

 El cambio, lejos de mantener constantes las numerosas ventas que había conseguido con la promoción, ¡las aumentó todavía más! La calidad de las nuevas zapatillas no pasó desapercibida para nadie, y era evidente que yo las había adquirido a un bajo coste porque el precio de venta no era demasiado caro.

Pude ver como durante muchos días los clientes se marchaban contentos a sus casas gracias a los productos que habían adquirido gracias a mí y a LiquiStocks. Además, me congratulaba ver a muchos de ellos haciendo deporte con las mismas zapatillas que yo les había proporcionado. Incluso yo compré un par de ellas y me di cuenta de la comodidad que sentía al desplazarme. Todo un lujo al que, desde luego, no pensaba renunciar.